Oseas 14:3-8 (RVR1960) No nos librará el asirio; no montaremos en caballos, ni nunca más diremos a la obra de nuestras manos: Dioses nuestros; porque en ti el huérfano alcanzará misericordia. 4 Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos. 5 Yo seré a Israel como rocío; él florecerá como lirio, y extenderá sus raíces como el Líbano. 6 Se extenderán sus ramas, y será su gloria como la del olivo, y perfumará como el Líbano. 7 Volverán y se sentarán bajo su sombra; serán vivificados como trigo, y florecerán como la vid; su olor será como de vino del Líbano. 8 Efraín dirá: ¿Qué más tendré ya con los ídolos? Yo lo oiré, y miraré; yo seré a él como la haya verde; de mí será hallado tu fruto.

El Señor Jesús te llevará a lo largo de un proceso de diagnóstico, reconocimiento y aceptación, arrepentimiento, renuncia, restauración y restitución.

Tomado de su mano te llevará al Padre, para recibir abundante gracia y sanar cada herida, cada daño, cada quebranto. Perdonará también cada uno de tus pecados, cada rebeldía, cada desobediencia. Nos cambiará a su imagen y semejanza por medio de su Palabra y de su Espíritu Santo.

¿Estás dispuesto a ir por este camino de gracia y de misericordia?

Tendrás que ser sincero y mostrarle las heridas, sentirás nuevamente el dolor, le confesarás tus pecados y serás perdonad@. El Espíritu Santo intervendrá para dejarte
completamente sanad@.

No importa cuan profunda o superficial sea la herida, solo Jesús puede sanarlas todas, por ello confía a Él tu dolor, entrégalo y recibirás a cambio su provisión de vida y paz. ¡Garantizado!

Son dos las caras del proceso de limpieza y restauración:

  1. Lo que me hicieron: Las injusticias cometidas en mi contra. Haz una lista de ellas para presentarlas al Señor. Él está contigo, no tengas temor.
  2. Lo que yo hice: Mis pecados personales. Haz tu lista también.

Al asumir tu responsabilidad ante Dios, ante ti mism@ y ante el prójimo, permites al Señor que te perdone, sane y libere.

Te invito a pararte ante el Señor para reconocer tu necesidad de Él. Admite que estás herid@, que tu vida interior está desequilibrada, que no tienes paz, gozo, que tu vida nos es abundante; que hay dolor, tristeza, temor, ansiedad (dile exactamente lo que sientes), y permítele que te inspeccione y diagnostique. Admite tus pecados, tus desobediencias.

ORACIÓN:

Padre, haz un diagnostico de mi condición interna y muéstramela. Quiero que sanes mi dolor y cada herida producto de las injusticias y abusos cometidos en mi contra desde que tengo uso de razón, o aún antes.

Muestrame cada hecho y la persona que me agredió. Muéstrame el daño que causó y que se derivó en falta de perdón, odio, rencor, ira o deseos de venganza. Quiero
perdonar a todos mis ofensores.

Padre, muéstrame también todos y cada uno de mis pecados, las injusticias cometidas a terceros, la manera en que los he lastimado. Y perdóname cada maldad, cada rebelión, cada enojo. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amén.

Pasa tiempo con el Señor, haciendo este ejercicio que tiene mucho poder sanador y libertador.

ORA Y DECLARA EN VOZ ALTA:

Salmos 139:1-7 (RVR1960) Oh Jehová, tú me has examinado y conocido. 2 Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; Has entendido desde lejos mis pensamientos. 3 Has escudriñado mi andar y mi reposo, Y todos mis caminos te son conocidos. 4 Pues aún no está la palabra en mi lengua, Y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda. 5 Detrás y delante me rodeaste, Y sobre mí pusiste tu mano. 6 Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; Alto es, no lo puedo comprender. 7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia?

Señor Jesús, autorizo a tu Espíritu Santo a que me guíe a la verdad de tu Palabra y me muestre las formas de pensar erróneas que he construido y que me han hecho conformarme a una vida mediocre. ¡Ayúdame Señor! A partir de hoy me haces renacer a la vida buena que diseñaste para mi.

Salmos 139:23-24 (RVR1960) Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; 24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.

Gracias Padre por tu amor y tu misericordia para conmigo. En el nombre de Jesucristo, amén.

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