Naturaleza y componentes del ser humano: El espíritu.

Dios nos quiere sanos, libres, contentos, felices, llenos de esperanza, de fe, apasionados por Dios, entusiasmados y deseosos de descubrir y hacer realidad el propósito que tiene para nosotros; y sobretodo, nos quiere extendiendo su reino.

En objetivo de este artículo es que comprendamos la naturaleza y los componentes de todo ser humano, porque a partir de ese conocimiento, podremos ordenar nuestras prioridades y funcionar como Dios manda.

Yo Soy: Un espíritu – tengo un alma – y vivo en un cuerpo.

Dios nos creó primeramente espíritu, ya que nos hizo a su imagen y semejanza. Jn. 4.24. Nuestra verdadera naturaleza, la naturaleza esencial de todo ser humano es espiritual.

Estamos acostumbrados a vernos de fuera hacia adentro. De lo primero que nos damos cuenta es del “cuerpo”: apariencia física, estatura, color de piel, de ojos, tipo de cabello, complexión, etc. Mas adelante, reconocemos las habilidades y talentos, la capacidad intelectual, verbal, la sensibilidad emocional.

Y si llegamos a conocer más a fondo a la persona, descubriremos su temperamento, su personalidad y carácter, sus valores, sus cualidades y debilidades; todo lo que forma parte de su “alma”.

Pero es en lo más interno de nuestro ser, en el corazón, es donde se encuentra nuestra verdadera identidad, lo que realmente somos. Ahí dentro se halla nuestro espíritu, que se comunica hacia el exterior por medio del alma, la cual se pone en contacto con el cuerpo y con el mundo exterior mediante los órganos y sentidos físicos.

Para Dios es muy importante que reconozcamos y valoremos cada componente de nuestro ser; pero dándole primera prioridad a la naturaleza espiritual, porque fuimos hechos a su imagen y semejanza, en espíritu. Luego entonces, cada uno de nosotros puede decir en voz alta: “Yo soy, un espíritu, tengo un alma y vivo en un cuerpo”.

Somos cuerpo, alma y espíritu. Funcionamos como un todo, una área afecta a la otra.

Las necesidades de cada parte no cesan.

Cada componente de nuestro ser tiene necesidades que deben ser satisfechas, para vivir en unidad y en equilibrio. Desafortunadamente, la gran mayoría de las personas vivimos desequilibradas en alguna. Por ejemplo, hay quienes han dado más importancia al intelecto que al cuidado de su cuerpo físico; y padecen de dolores corporales prematuros.

Otros, por el contrario, cuidan el físico más que otra cosa; no desarrollándose en el área del conocimiento o del aprendizaje. Muchos millones, tienen abandonada su vida espiritual, viviendo alejados del Creador y por ende del amor, la paz, la alegría y la reconciliación que nos brinda por medio de Jesucristo.

La verdadera “salud interior” consiste en encontrar y vivir ese equilibrio; primeramente sanando nuestra relación con Dios en lo espiritual, y a partir de ahí, renovar nuestra alma, añadir verdad a nuestra forma de pensar y también enseñarnos a cuidar y mantener la casa donde vivimos; nuestro cuerpo.

El ser humano; espíritu, alma y cuerpo, funciona como una unidad, como un todo; y cuando un área está afectada, afecta fuertemente a las otras. Si espiritualmente estamos en mal estado, es decir, si no estamos en paz con Dios, el efecto sobre la condición del alma será intranquilidad, temor, tristeza, desasosiego; y si esto persiste, dañará la salud y condición del cuerpo quizá con cansancio, dolores musculares y aun padecimientos mayores.

Igualmente, si el cuerpo es atacado por una infección, o sufre un accidente, repercutirán en el alma y el espíritu. Por ejemplo: No se puede funcionar normalmente con un dolor de muelas o de cabeza. No podemos pensar igual; la condición del cuerpo afectará nuestro estado anímico y por ende la condición de nuestro espíritu.

El asunto a reconocer por un lado, es que las necesidades de cada parte no cesan, y por otro lado demandan ser satisfechas. Las necesidades del cuerpo físico cesarán cuando el espíritu y el alma se desprendan de éste al momento de morir. Ahí terminarán las necesidades y las funciones del cuerpo, pero el espíritu y el alma seguirán teniendo una vida, seguirán funcionando y necesitando ser satisfechas.

Hablemos de manera más específica de las distintas partes de nuestro ser.

ESPÍRITU.

Creado a Imagen y Semejanza de Dios.

Juan 4.24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Dios dice que la adoración verdadera a Él, la necesaria, es en espíritu. El Padre nos ha dado el primero y gran mandamiento: “Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Marcos 12.30.

Los ingredientes esenciales de la adoración a Dios, son el corazón (nuestro ser interior, nuestro espíritu) y la verdad (hacerlo de acuerdo con su Palabra). La adoración con el alma, con el intelecto y con nuestras fuerzas físicas es también necesaria, pero no será completa si no se hace desde el espíritu, es decir desde el corazón.

¿Cómo puedo adorar de corazón?

La única manera de hacerlo es por medio de la obra espiritual regeneradora que Dios hace en quienes creen en Jesucristo.

Dios pone un corazón y un espíritu nuevo al hacernos “nacer de nuevo.”

Ezequiel 36.26-27 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Jesucristo habla de la necesidad de “nacer de nuevo”, de nacer del espíritu, en Juan 3.3-8: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. 4Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? 5Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. 8El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.”

La experiencia del nuevo nacimiento significa la regeneración de nuestro espíritu por medio de la simiente incorruptible de Dios. Él pone dentro de nosotros un corazón y un espíritu nuevo, para poder tener un mismo sentir con el Padre, un canal de comunicación abierto de Dios hacia nosotros y de nosotros hacia Dios; para que veamos las cosas y tengamos el mismo sentir que Dios tiene.

Esta nueva forma de vida solamente es posible si nosotros hacemos una declaración de fe ante Dios, la que establece un pacto, en el que Dios pone su Espíritu y son abiertos nuestros ojos, oídos y entendimiento a la palabra de Dios, al ser de Dios.

Dios viene y pone su Espíritu dentro de nosotros, para estar en plena comunicación con el espíritu de Dios, al aceptar a Jesús como nuestro Señor y Salvador y reconocer que resucitó de entre los muertos y está sentado físicamente a la diestra de Dios. Romanos 10.8-10.

¡CONFIESA A JESÚS COMO SEÑOR Y SALVADOR AHORA MISMO! DI EN VOZ ALTA LA SIGUIENTE ORACIÓN, DE CONFORMIDAD A ROMANOS 10.9-10.

PADRE CELESTIAL: Acepto tu invitación a acercarme a ti. Te doy gracias por tu Amor incondicional, manifestado a través de tu Hijo Jesucristo, a quién enviaste a la tierra a morir por mi, para salvarme.

Hoy te abro mi corazón y te pido que entres a mi vida y me hagas tu hijo. Señor Jesús, hoy te confieso y te acepto como mi Salvador y mi Señor, creyendo con mi corazón que Dios te levantó de los muertos. Padre, hazme nacer de ti y envía tu amor y tu presencia, por medio de tu Espíritu Santo. ¡Te entrego mi vida!

Padre: Reconozco que he sido pecador, que cada uno de mis pecados ha sido una ofensa a tu persona, un acto desobediencia. Me arrepiento de todos mis pecados, y te pido que la Sangre de Cristo me limpie de ellos. Acepto tu perdón, por la gracia que me otorgas en Cristo Jesús, amén.

¡Ahora tengo un corazón bueno!

Esto es como el Internet, si no establecemos un contrato con el prestador del servicio, no podemos conectarnos, si lo hacemos, en muy pocos minutos estamos conectados y podemos tener una gran comunicación a todo el mundo.

Al hacer esta declaración de fe al Padre, Él pone un nuevo espíritu en nosotros y un corazón nuevo, iniciando el proceso de salvación, rescate, restitución y restauración.

El espíritu es el principio inmaterial de la vida, no lo vemos, pero ahí está.

Proverbios 20:27 en la Versión “Dios Habla Hoy”: El espíritu que Dios ha dado al hombre, es luz que alumbra lo más profundo de su ser.

Pero la luz del espíritu del hombre separada de la luz de Dios, en realidad no es más que una lamparita apagada ¿Por qué? Porque el hombre separado de la luz de Dios se encuentra a obscuras.

El ser humano natural, es decir sin Dios, solamente tiene el conocimiento del bien y del mal, pero el humano “nacido de nuevo” tiene el conocimiento de la vida de Dios, puede comer del árbol de la vida, que es Jesucristo, y no quedarse solamente en el conocimiento del bien y del mal.

Espíritu: Pneuma: Aire en movimiento, viento, aliento de vida.

Dios lo da al inicio de la vida. Gn 2.7.
Al retirarlo, regresa a Él. Job 34.14, 15; Sal 104.29s; 143.7; Ec 12.7.
La palabra “espíritu” es en el griego la palabra “pneuma”, término que da origen a la palabra neumático; mismo que necesita suficiente aire para ponerse en movimiento. La palabra “pneuma” significa aire en movimiento, viento o aliento de vida.

El autor de la vida es Dios. Dios es Espíritu y cuando formó al ser humano, cuando formó a Adán, en Génesis 2, dice que tomó tierra para hacer la parte corporal del hombre; y sobre esa tierra sopló su aliento de vida, para que adquiriera vida.

Génesis 2.7 Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente.

Dios es entonces el que nos da su aliento al inicio de la vida. Dios le dio la capacidad al hombre y a la mujer de engendrar hijos y al hacerlo, los padres engendran un ser eterno, porque en el momento de la concepción, Dios interviene y coloca el espíritu de esa persona, que da inicio a la vida humana y que nueve meses después sale del vientre materno al mundo.

Esta criatura de Dios, requiere nacer de nuevo para convertirse en hijo de Dios. Confiamos que la persona, cuando tenga uso de razón, alguien le comparta el evangelio y él o ella decidan voluntariamente recibir a Cristo en su corazón, y nacer de nuevo y ser salvos.

La realidad espiritual es que la humanidad, separada de Dios, nace en un estado de vida natural pero de muerte espiritual, por lo que tiene que vivir la regeneración, la experiencia del nuevo nacimiento, para recibir la salvación que Dios ofrece al hombre a través de la redención en Cristo Jesús.

¿Qué pasa con el espíritu cuando Dios decide retirarlo?

Dios nos da la vida y Dios pone el término de la vida de cada uno de nosotros, el nos da el espíritu y retira el espíritu.

Job 34:14-15 (RVR1960) Si él pusiese sobre el hombre su corazón, Y recogiese así su espíritu y su aliento, 15 Toda carne perecería juntamente, Y el hombre volvería al polvo.

Salmos 104:29-30 (RVR1960) Escondes tu rostro, se turban; Les quitas el hálito, dejan de ser, Y vuelven al polvo. 30 Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra.

Al retirar el espíritu, el hombre muere, pero el espíritu regresa a Dios, al dador de la vida.

El alimento del espíritu humano es la Palabra de Dios. Mt. 4.4, Lc. 4.4, Dt. 8.3.

Lucas 4:4 (RVR1960) Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

Cada parte de nuestro ser tiene necesidades y si no son satisfechas va a haber un efecto negativo en la propia vida del ser.

Todas las personas que no conocen a Dios, que a lo mejor tienen una religión, pero no conocen a Jesucristo personalmente, pasan por la vida sintiendo un vacío interior.

Ese vacío que perciben, los mueve a una búsqueda, para satisfacer esa necesidad; que por desgracia los lleva muchas veces a situaciones peores de mentira, engaño u ocultismo, que “satisfacen” aparentemente esa necesidad.

Esa necesidad interna es de su espíritu, y solamente encuentra sosiego cuando se encuentra con su Creador, por medio del Salvador. Mi vida espiritual solamente puede descansar y reposar en Él. Mi espíritu tiene necesidad de alimento, así como tengo que comer tres veces al día para satisfacer mi necesidad fisiológica, tengo que reconocer que mi espíritu necesita la palabra de Dios como alimento.Jesús dijo: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Juan 6:57-58 (RVR1960) Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente.

Juan 6:63 (RVR1960) El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Cuando Jesús habla que tenemos que comer su cuerpo, comer de Él, no lo está hablando en el sentido físico, lo está hablando en sentido espiritual. Jesús es el verbo hecho carne, la palabra de vida, la verdad que necesita venir a nuestro ser espiritual de manera continua, rutinaria, tal y como comemos a diario.

La palabra de Dios es el alimento de tu espíritu, si quieres tener un espíritu fuerte, tienes que nutrirlo todos los días, con la Palabra, de Dios.

Juan 6:67-69 (RVR1960) Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

En el espíritu es donde está verdaderamente la esencia del ser humano y el poder multiplicador de la vida verdadera. Para entenderlo pongamos el ejemplo de un fruto, como una ciruela, si nos comemos una ciruela, vamos a disfrutar de su parte carnosa, pero llegaremos al hueso, dentro de ese hueso está la semilla. Es en la semilla donde está el poder multiplicador de la especie de ese fruto.

Un espíritu humano, desconectado de la vida de Dios, es una semilla estéril, es hasta que Dios pone su Espíritu, el germen de la vida de Cristo en nuestro espíritu, que la vida adquiere sentido, propósito; y descubrimos la razón por la cual vivir.

Jesucristo viene a nuestro ser, nos impregna de su vida y nos da la capacidad de dar fruto verdadero, fruto que trascienda a este mundo, almas para la eternidad.

Dios dio la capacidad a los padres de engendrar eternidad, seres eternos, pero también nos da a nosotros la capacidad de compartir el evangelio y hacer discípulos, mostrando que hay un Salvador y un Dios Padre que es bueno, garantizando que nuestros hijos naturales y espirituales lleguen a la presencia de Dios y que su vida sea una vida diferente aquí y allá.

En resumen, el espíritu nacido de nuevo nos permite tener conciencia de Dios, comunicarnos con Él, y recibir la revelación de las cosas que suceden alrededor de nuestra vida, desde la perspectiva del Reino de los cielos; porque cuando nacemos de nuevo el Espíritu de Dios habla a nuestro espíritu y nos permite entender todas las cosas.

Juan 16:13-15 (RVR1960) Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.
15 Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

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