Tal como lo hace un médico con el paciente que llega al consultorio: Lo evalúa, checa sus signos vitales, le hace muchas preguntas con el fin de llegar a un diagnóstico y determinar el verdadero problema. Y ya definido, su objetivo es arrancar el mal de raíz, no darle sólo analgésicos, sino sanar la fuente del padecimiento, del dolor.

En Lucas 4.18-19, el Señor Jesucristo dijo: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.

¿CUÁL ES EL PROBLEMA? ¿Cuál es el quebranto, la terrible injusticia cometida en tu contra? ¿Cuál es la raíz de tu temor, del miedo que te paraliza de la inseguridad que no te permite avanzar?

El Señor Jesús tiene la respuesta a todos y cada uno de tus problemas. ¡Jesucristo basta! Él es suficiente para devolverte la salud mental, emocional, espiritual y física. Él no cambia, es el mismo que caminó hace dos mil años haciendo el bien a todos los que se acercaban a Él. Él pagó el precio de nuestra paz; de nuestra salud integral. Isaías 53.5.

¿CÓMO LO HIZO? Dando su vida a cambio de nuestro rescate: A esto se le conoce como la redención. ¡Jesús vino del cielo a salvar lo que se había perdido, es decir a ti y a mí. Vino a rescatarnos del reino de tinieblas y muerte, producto de nuestros pecados. ¡Y lo hizo con su propia vida!

Romanos 5:6-8 Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. 7 Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. 8 Más Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.

Mateo 20:28 Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.

Conocemos dramas diversos, donde un personaje malvado, impide a una princesa lograr su sueño. La princesa es engañada, hechizada y envenenada porque quieren robarle su herencia; y su enemigo está decidido a frustrar su felicidad y su destino. En estas historias, aparece un héroe, un príncipe libertador, que a través de la fuerza del amor, arriesga todo y pelea para rescatar a su amada de las garras del malvado, y acabar con él. Logrado el rescate, la regresa a la vida. ¡Ese es Jesucristo! Quién vino a rescatar a su novia, la iglesia, de las garras del pecado, el mundo y el diablo.

OREMOS: Padre, acepto tu redención en Cristo Jesús. Gracias por haberlo enviado a rescatarme del maligno. Hoy me levantas a caminar contigo rumbo a mi libertad, para recibir la herencia de vida abundante contenida en tus promesas. Señor Jesucristo tú eres mi libertador. Quiebra el poder del pecado sobre mi vida, límpiame con tu Sangre de todos mis pecados. La maldad no se enseñoreará de mí, nunca más. En ti encuentro mi libertad. En Cristo Jesús, amén.

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