Es cierto, el Señor Jesús nos encuentra así, en bancarrota, llenos de desilusiones, problemas, rencores, frustraciones, fracasos, vicios, desesperanza, etc. Nos encuentra como el “Pípila”, cargando una inmensa loza sobre nuestros lomos.

Quizá tus hijos están en las drogas, en el alcohol, tu cónyuge te es infiel, te faltan ingresos, tienes enfermedades crónicas, amargura, ira no controlada, fuiste abusado sexualmente, llevas años de co-dependencia a un maltratador. 

Admitir que estamos en problemas, permitirá a Dios ayudarnos, porque estamos reconociendo que no podemos solos. Levanta ahora mismo tu corazón y tu voz al cielo y grítale a Dios: ¡Auxilio! ¡Señor Jesús, socórreme! ¡Ya no puedo más! Él te escucha y está pronto a responderte.

Salmos 121:1-4 (RVR1960) Alzaré mis ojos a los montes; ¿De dónde vendrá mi socorro? 2 Mi socorro viene de Jehová, Que hizo los cielos y la tierra. 3 No dará tu pie al resbaladero, Ni se dormirá el que te guarda. 4 He aquí, no se adormecerá ni dormirá El que guarda a Israel.

Es común vivir con un analgésico para mitigar el dolor, y quedarnos por meses o años, sin atender el problema de raíz. A Jesús le interesa ir al fondo, para sanar de tajo lo que está atormentándonos. 

Su deseo es salvarnos, sanarnos y rescatarnos de las prisiones donde nos hemos metido, o donde nos metieron a causa de los pecados cometidos contra nosotros, o de los que cometimos; que abrieron la puerta a la opresión del diablo, y a lo que nos tiene dislocados en pensamientos y emociones.

CRISTO NOS SACA DE LAS PRISIONES MENTALES Y EMOCIONALES:
El maltrato recibido por personas que debieran amarnos, nuestras malas decisiones que nos llevaron a fracasos diversos, nos orillan a construir mecanismos de protección, de defensa, para evitar ser dañados nuevamente.

Algunos pedimos venganza o empezamos a cobrarnos el daño que nos hicieron, reaccionando agresivamente con todos. ¡Me la hicieron, me la pagan! Otros toman la postura de víctima, viviendo inmovilizados por el miedo, en auto lástima.

Los “heridos” vamos construyendo muros de protección que finalmente se convierten en nuestras propias prisiones, y que no solucionan el problema, solo lo esconden tras barrotes mentales como: “No vuelvo a intentarlo,” “soy un bueno para nada”, “mejor malo por conocido”, “todos los hombres son iguales”, “piensa mal y acertarás” (ese era uno de los favoritos de mi suegra).

También hay prisiones emocionales que se manifiestan con desesperanza, sentimientos de abandono, soledad, ansiedad, depresión, dolor del corazón, que hacen que la persona responda con patrones negativos, auto limitantes y auto impuestos.

El Señor Jesús quiere meterse al fondo de nuestro ser, para vendar, consolar, sanar, limpiar y reconstruirnos completamente con su Palabra y su Espíritu, hasta que no quede vestigio alguno del daño del pasado. 

¿QUIERES HACER DEL SEÑOR JESÚS, TU MÉDICO PERSONAL?

Jeremías 30:16-19 (RVR1960) Pero serán consumidos todos los que te consumen; y todos tus adversarios, todos irán en cautiverio; hollados serán los que te hollaron, y a todos los que hicieron presa de ti daré en presa. 17 Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. 18 Así ha dicho Jehová: He aquí yo hago volver los cautivos de las tiendas de Jacob, y de sus tiendas tendré misericordia, y la ciudad será edificada sobre su colina, y el templo será asentado según su forma. 19 Y saldrá de ellos acción de gracias, y voz de nación que está en regocijo, y los multiplicaré, y no serán disminuidos; los multiplicaré, y no serán menoscabados.

OREMOS: Padre, admito que estoy herido(a), que tengo mucho dolor, que mis lesiones supuran desesperanza, frustración, ira, amargura, inclusive deseos de morir. Señor, no he podido procesar las pérdidas, las traiciones, la culpa y la condenación que siento por los múltiples pecados del pasado; pero aquí estoy, me presento ante ti para ser amado y aceptado, consolado y perdonado, liberado y restaurado. Derrama tu gracia sobre mi ahora, te lo pido en el Nombre de Jesús. 

No quiero seguir viviendo así, te necesito Señor, ven a mi vida y rescátame de todo tormento mental y emocional. ¡Ayúdame! Vengo a ti como la mujer cananea que dijo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Mateo 15.22. ¡Y tú la liberaste!

O como ayudaste al ciego Bartimeo, que oyendo a Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!  Entonces tú, deteniéndote, lo llamaste: Y él arrojando su capa, se levantó y vino a ti. Y respondiendo tú, le dijiste: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego te dijo: Maestro, que recobre la vista. Y tu le dijiste: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y te seguía en el camino. Marcos 10:46-52.
¡Has conmigo un milagro y restáurame, libérame, sáname!   

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