2 Corintios 4:16 (RVR1960) Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.

Alex y Paloma se sientan uno al lado del otro en la clase de biología, pero viven mundos diferentes. Él parece tenerlo todo, ella ha tenido que vencer muchos obstáculos. Él proviene de una familia acomodada y siempre ha disfrutado de los beneficios asociados a ello; cómo contar con un auto y no tener que trabajar.

Paloma es una joven como cualquier otra, sus padres son comerciantes en pequeño, vive en Lerma y para seguir en la escuela ha tenido que esforzarse mucho. Diariamente invierte tres horas para transportarse de su casa a la escuela y de la escuela a su trabajo vespertino (cuida a una anciana).

Aparentemente Alex tiene mejores posibilidades de éxito que Paloma; pero poseen otras diferencias. A raíz de que lo expulsaron de la escuela anterior, Alex se ha vuelto inseguro y se frustra fácilmente; además no le gusta su apariencia física y sospecha que sus compañeros se le acercan solo porque tiene carro y dinero para gastar.

Por el contrario, Paloma siempre está contenta, y aunque vive sus limitaciones económicas, está decidida a lograr su sueño: ser Fisioterapista. Algunos familiares creen que no lo va a lograr; pero ella cree en Dios y confía en sí misma.

Aquí están dos personas cuya “auto imagen” es opuesta: Lo que Alex tiene de ventaja en lo exterior, lo tiene de desventaja en lo interior. Lo que Paloma tiene como limitante en lo exterior, lo tiene de alegría y de confianza en su ser interior.

Ambos nos recuerdan que todos tenemos una manera de vernos a nosotros mismos, una vida interior que posibilita o limita nuestra vida, a través de deseos, actitudes, pensamientos, creencias y decisiones.

La vida interior es la que verdaderamente hace que nos sintamos a gusto o a disgusto con nosotros mismos; aceptables o inaceptables, valiosos o devaluados, con futuro o sin él; y por supuesto tiene un enorme efecto en el desempeño de nuestra vida. Aun cuando lo externo satisface en cierta manera al ser humano, lo que verdaderamente nos conforma o transforma es nuestra vida interior. “Caras vemos, corazones no sabemos”. Ro. 12.2.

Dios está muy interesado en nuestra vida interior, en nuestros pensamientos, sentimientos y deseos. Él quiere que vivamos en equilibrio, y aprendamos a gobernar las circunstancias, problemas y obstáculos “externos”; con una vida interna llena de su presencia, de fe, esperanza y amor; misma que Él provee, por medio de su Palabra y de su Espíritu Santo.

Juan 6:33-35 (RVR1960) Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.

Nutrirnos cada día con el alimento del cielo, con las palabras de Jesús, es una actividad imprescindible para los hijos e hijas de Dios. Mt. 4.4.

EQUILIBRIO INTERIOR:
Primero que nada reconozcamos que nuestros recursos personales no nos alcanzan para vivir en equilibrio interno, porque nuestro “yo” es débil, nace egoísta y tiende a ser negativo y temeroso.

Una vida equilibrada es lo opuesto al egoísmo, es una vida compartida. Por eso Dios nos ha provisto de su Amor incondicional, a través de la salvación en Cristo Jesús. El Padre nos ama, nos hace sus hijos y derrama continuamente su amor, su gracia, su perdón y sabiduría; con el fin de que comprendamos que el equilibrio solo es posible unidos a Él, amándolo con todo nuestro ser y amando al prójimo como a nosotros mismos. Marcos 12.30-31.

1 Juan 4:10-11 (RVR1960) En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 11 Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros.

Jesucristo nos ha librado del reino ególatra de las tinieblas, y nos ha trasladado a su reino, donde operan la justicia (una vida recta), la paz y el gozo en el Espíritu Santo. Ro. 14.17. ¡Es posible recuperar el equilibrio interior de nuestro ser, gracias a Él!

PREGUNTAS: ¿Qué tan equilibrada está hoy tu vida interior? ¿Estás pleno de alegría y de paz? Las preocupaciones y aconteceres de la vida diaria consumen los recursos internos naturales y sobrenaturales; por eso vayamos a Él.

No permitamos que los problemas nos rebasen, llenándonos de afán, desesperanza y tristeza. Tampoco dejemos que el temor, la angustia o el mal humor mengüen lo que Dios pone dentro de ti. ¡Recupera y mantén tu equilibrio interno! No lo pierdas.

Romanos 15:13 (NTV) Le pido a Dios, fuente de esperanza, que los llene completamente de alegría y paz, porque confían en él. Entonces rebosarán de una esperanza segura mediante el poder del Espíritu Santo.

Hagamos de esta promesa una realidad. Permite que Dios te llene hoy de su amor, gozo y paz, por medio de la fe en Cristo.

ORACIÓN: Padre, te alabo y te bendigo, eres muy bueno conmigo. Te doy gracias por amarme de tal manera, que enviaste a Jesús a morir por mi en la Cruz, para salvarme y limpiarme de todos mis pecados.

SEÑOR: Admito que mi vida interior está desequilibrada, he permitido al temor, a la preocupación y al afán ______________________ inundar mi alma de desesperanza y aun de desesperación. Te entrego toda carga, todo cansancio, para recibir a cambio una llenura de tu presencia, de tu amor y tu paz. Derrámalos ahora mismo con abundancia sobre mi alma y corazón, por medio de tu Espíritu Santo. Equilibra mi ser interior, en el Nombre de Jesús, amén.

Decide también renovar y purificar tus pensamientos y deseos con la Palabra de Dios, con sus promesas de victoria y bendición. Lee en voz alta el Salmo 23.

Transforman12.

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